Carta del Presidente

A todos nuestros distinguidos Miembros

Este año tiene para ALADA una significación muy importante, ya que estamos cumpliendo nuestro primer cincuentenario. Es por ello que me ha parecido adecuado hacerles llegar esta Carta que, como es sabido, la envío solamente en situaciones especiales.

No es habitual que instituciones académicas como la nuestra, que no se sostienen con apoyos oficiales ni subsidios de índole alguna, puedan llegar en plena lozanía y con actividad permanente de alto nivel, a esta madurez de los 50 años, que en nuestro caso se caracteriza, además, por acciones constantes y con varios destacados proyectos en su haber. Las Jornadas anuales; los Congresos realizados y el celebratorio que tendremos en noviembre próximo; nuestras publicaciones, que comenzadas en 1994 ya llegan a 21 libros y que serán 23 al final del corriente año; los cursos dictados y en programación; nuestra presencia en los foros de OACI y de la CLAC; la extensión de nuestras actividades principales más allá de la región latinoamericana y la cotidiana relación con nuestros Miembros y otras instituciones y personas de todo el mundo, han colocado a nuestra Asociación en el nivel más alto de prestigio académico en el ámbito aeronáutico.

Venimos de celebrar nuestras XXXIVas. Jornadas Latino Americanas de Derecho Aeronáutico y Espacial, que – en su manifestación anual desde 1988 – tuvieron asimismo el carácter de ser la primera de las celebraciones del cincuentenario. Y estas Jornadas, aparte de resultar nuestra tercera manifestación académica en el continente europeo, tuvieron lugar en la bella isla de Cerdeña, acogidas por la cinco veces centenaria Universidad de Sassari, en una perfecta organización conjunta con las Universidades de Téramo y “Magna Graecia” de Catanzaro.- Fue un magnífico comienzo del cincuentenario, por razones que muy brevemente estimo necesario mencionar.

La primera de ellas es la académica propiamente dicha, en tanto en cuanto se expusieron y se debatieron algunos de los temas más importantes y actuales del mundo aerojurídico, de la mayoría de los cuales se aprobaron significativas conclusiones, que ya pertenecen a la evolución doctrinaria del Derecho Aeronáutico y Espacial.

La segunda razón se vincula con la participación de las más prestigiosas Casas de Altos Estudios italianas, a través de los destacados catedráticos de la materia que, en ellas, enseñan nuestra especialidad. Tuvimos a los Pofesores Rita Tranquilli-Leali, Michele Comenale Pinto, Guido Camarda, Leopoldo Tullio, Massimo Deiana, Francesco Morandi, Vincenzo Francheschelli, Stefano Zunarelli, Umberto La Torre, Elisabetta Rosafio, Laura Masala, Mauro Casanova, Massimiliano Piras, Barbara Cossu y en sus personas, a las Universidades de Sassari, de Téramo, “Magna Graecia” de Catanzaro, de Bolonia, de Roma, de Milán, de Cagliari, de Génova, de Palermo… Todos ellos son los dignos sucesores de quienes ya están en el Olimpo de nuestra materia: Antonio Ambrosini, Michele Fragali, Salvatore Cacopardo, Amedeo Giannini, Francesco Maria Dominedó, Antonio Lefebvre D’Ovidio, Gabriele Pescatore, Gustavo Romanelli y muchos más, que dieron sustancia propia al Derecho Aeronáutico italiano y con ello, al del mundo entero. Aquellas presencias físicas y las espirituales en el recuerdo de estos últimos, dieron relieve especial a estas Jornadas y contribuyeron a que las mismas hayan sido un hito memorable en la historia de nuestra entidad.

La generosidad de los anfitriones y su gran calidez personal fue otra de las razones que hicieron de estas Jornadas un excelente comienzo de celebraciones por nuestros primeros 50 años de vida. Ambas cualidades son innatas en el espíritu italiano, si bien su manifestación en este caso, tuvo un nivel, si cabe, mayor que el habitual, porque se concretó en una convivencia de varios días en la que se entrelazó el diálogo intelectual con las simpatías personales. Y esto produjo un resultado excepcional. Creo no exagerar si afirmo que la cultura jurídica italiana, que es la más antigua del mundo occidental, se puso de manifiesto en Sassari en su mejor expresión, unida al respeto y simpatía hacia el mundo aerojurídico latino americano. Fueron expresiones de auténtico sentido caballeresco, en el que alientan los mejores sentimientos fraternales del Hombre y de la Humanidad.

Una cuarta y última razón se deriva de todo lo anterior y es la convicción de que a través de ALADA y de estas Jornadas hemos afirmado un auténtico puente académico entre Italia y América Latina, el que debemos comprometernos todos a transitar de manera permanente, para beneficio del desarrollo y promoción del Derecho Aeronáutico y Espacial a ambos lados del Atlántico. La conjunción de relatores de ambos continentes en la mayoría de los temas expuestos y debatidos fue, además, un éxito por su resultado, que en cierto modo nos marca un diseño futuro de discusiones doctrinarias.

El éxito de las Jornadas de Sassari nos motiva para prodigarnos en el esfuerzo de las restantes celebraciones, entre ellas alguna en Uruguay y nuestro Congreso Internacional del próximo noviembre, cuya fecha coincide con los 50 años de la fundación de ALADA y que tendrá lugar en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, el mismo sitio donde un importante grupo de juristas concretó esa fundación. Es, sin duda, un símbolo significativo, pero es más que eso: la evidencia de una vida académica que los visionarios de 1960 supieron intuir y que se concretó y afianzó a lo largo de medio siglo. Medio siglo de luchas y de ingentes esfuerzos en el convencimiento de que el Derecho Aeronáutico y el Derecho Espacial y el mismo sector al que dan marco legal, son expresiones características del mundo jurídico contemporáneo y que merece la pena trabajar en su promoción y desarrollo.

Para quienes tenemos alguna responsabilidad en la vida de ALADA no cabe sino persistir en la tarea, sin desmayos. Debemos continuar y sostener vigorosamente el esfuerzo ya realizado en medio siglo, para que los próximos 50 años eleven, si cabe, el prestigio de nuestra Asociación.

Esperamos dar la bienvenida a todos nuestros Miembros el 15 de noviembre próximo en la Universidad argentina más importante, que por Resolución No. 380 de su Consejo Superior decidió auspiciar nuestro Congreso. Y todos unidos celebrar entonces este cincuentenario, cuyo aspecto más sugerente reside, quizá, en encontrarnos llenos de interesantes proyectos comunes que irán jalonando el futuro segundo medio siglo de vida académica. De ese modo, sin duda, cumpliremos con el sueño que tuvimos todos los fundadores aquel 18 de noviembre de 1960.

Reciban todos mis mejores y cordiales saludos.

Dr. MARIO O. FOLCHI

CARTA DEL PRESIDENTE

Una vez más una circunstancia muy penosa hace que deba dirigirme a todos nuestros Miembros por medio de esta Carta, que como es costumbre solo redacto en casos excepcionales. El día 27 de febrero último dejó de existir en Montreal, donde tenía su residencia permanente y a los 89 años de edad, el Dr. ASSAD KOTAITE, Presidente emérito del Consejo de la OACI y Miembro de Honor de nuestra Asociación.

Puede decirse que la vida del Dr. Kotaite fue dedicada a la OACI y por sus largas décadas en ese menester importante, también se puede agregar que cuando concluyó su labor en ella por su retiro de la Presidencia del Consejo, terminó lo que no dudo en denominar “la era Kotaite” en la Organización Internacional máxima de la aviación civil.

Es que la firmeza en la conducción del organismo, unida a una impecable y permanente actitud diplomática para mediar entre diferentes intereses y puntos de vista en el mundo internacional de este apasionante sector, hicieron que los resultados de dicha entidad mucho se deban a la acción eficaz del Dr. Kotaite. Y es deseable asimismo, que esa era, caracterizada por la constante preocupación por mediar y resolver diplomáticamente los numerosos conflictos que le planteó su posición estratégica en el mundo internacional, sea el espíritu que aliente a quienes les toca sucederlo.

Conocí al Dr. Kotaite en diciembre de 1965, en la ciudad de Beirut, adonde y como jovencísimo profesor había sido invitado a dictar una conferencia en la Universidad Libanesa, en tanto él se desempeñaba como Representante del Líbano en el Consejo de la OACI. A partir de entonces y en numerosos encuentros en distintos lugares del mundo, fuimos forjando una amistad que para mí fue un privilegio, porque los diálogos con el Dr. Kotaite me resultaron una enseñanza constante en el difícil arte de las relaciones internacionales. Era un consumado maestroen el tacto para plantear posibles soluciones, cuando había posiciones enfrentadas.

En dos de nuestras reuniones de ALADA participó activamente el Dr. Kotaite, acompañado de su esposa: la primera vez, cuando realizamos en Rio de Janeiro las XVIII Jornadas Latino Americanas de Derecho Aeronáutico y Espacial, oportunidad en la que disertó sobre el tema “El desarrollo del Derecho Aéreo Internacional en los 50 años de vida de la OACI” y en donde le fue entregada nuestra Medalla de Honor correspondiente al año 1993, así como su calidad de Miembro de Honor de ALADA. La segunda ocasión fue con motivo del Simposio de Buenos Aires, organizado el año 2000 en esta ciudad para celebrar los 40 años de nuestra entidad, en que aceptó nuestra invitación y dictó una conferencia sobre el Convenio de Montreal de 1999, que acababa de ser firmado el año anterior.

También apreciaba y promovía de modo particular la presencia y participación de nuestra Asociación en las reuniones de la OACI (Asambleas, Conferencias internacionales, reuniones del Comité Jurídico, etc.).

Su larga y dilatada carrera está siendo reseñada por todos los medios especializados y por lo tanto, no voy a resumirla en estos párrafos. También puede ser conocida por los interesantes capítulos de su autobiografía, titulada “My Memoirs – 50 Years of International Diplomacy and Conciliation in Aviation”, que fue presentada en un acto en su honor en octubre del año anterior, con motivo de realizarse en Montreal la última Asamblea de la OACI. Precisamente en una larga reunión que mantuvimos una tarde en su casa antes de dicho homenaje, en abril del pasado año, me mostró los originales del libro y destacó que no era una historia de la OACI, sino lo que indica el subtítulo del volumen. La enfermedad que lo quitó de esta vida no le había disminuido aun su vitalidad y sentido del futuro, y conversamos largamente sobre los desafíos que tiene el Derecho aeronáutico en el próximo y cercano devenir.

Solo quiero destacar aquí un aspecto especial de su vida y es la de su formación jurídica. En efecto, Assad Kotaite fue discípulo de algunos de los grandes maestros del Derecho de la primera mitad del siglo XX: en la Universidad de París de los hermanos Henri y Leon Mazeaud en Derecho Civil y de Suzanne Bastid y Marcel Sibert en el Instituto de Altos Estudios Internacionales y en la Academia de Derecho Internacional de La Haya de Daniel Goedhuis, un gran internacionalista y uno de los fundadores del Derecho aeronáutico en esa época. En nuestras últimas conversaciones pude apreciar el afecto y admiración con las que recordaba a estos juristas y les atribuía las bases de su conducta posterior. Este aspecto me hizo confirmar la importancia de la buena formación en los jóvenes universitarios, en especial en la época que nos toca vivir, en la cual muchos olvidan ese requisito insustituible para alcanzar éxitos incuestionables, que en muchos casos no están enmarcados en el dinero.

Cuando nos despedimos de nuestra última conversación personal, en Montreal hace casi cinco meses, quedamos en reunirnos nuevamente en este mes de marzo. Así lo mencionaba por mi parte en las charlas telefónicas que teníamos cada mes, aunque su diálogo hacía presagiar este final anticipado. Cuando regrese a Montreal en los próximos días, encontraré un importante vacío en esa ciudad: la certeza de la imposibilidad de reunirme con este antiguo amigo.

Assad Kotaite emprendió el gran viaje final. En lo personal, me es difícil traducir en palabras la tristeza que esto me produjo y ruego oraciones en su querida memoria. Para toda la comunidad internacional, es un vacío inmenso y un desafío enorme para que su acción y recuerdo la inspire en el logro de sus grandes objetivos de conciliación y búsqueda de soluciones permanentes.

Buenos Aires, 17 de marzo de 2014.

Dr. MARIO O. FOLCHI

PRESIDENTE

 

C A R T A   DEL   P R E S I D E N T E

Buenos Aires, 3 de agosto de 2017.-

A todos los Miembros de ALADA

El 28 de junio último dejó este mundo para emprender el gran viaje final, nuestro Vicepresidente II, el Dr. Jorge Rubén ROSAS, a los 94 años de edad. Nos deja una de las personalidades auténticamente sobresalientes de América Latina, quien, con su dilatada labor como profesional del Derecho, jurista, empresario y político, supo llevar a Panamá, su tierra natal, por todos los foros internacionales en los que le tocó actuar, con los valores propios de un sabio y un hombre de bien.

No es fácil para quien, como yo, tuvo el privilegio de contar con su cálida amistad y generosa bonhomía durante varias décadas, enhebrar algunas frases que evoquen su memoria y su largo andar en varios de los sectores que nos eran comunes. La tristeza hace difícil este cometido, si bien resulta necesario que nuestros miembros más jóvenes conozcan las personalidades y los logros de quienes se les adelantaron en el transcurso del tiempo y en especial, en el ámbito común en que desenvolvemos nuestras actividades académicas y profesionales.

El Dr. Rosas tuvo una destacadísima labor en la política de su país, desde que ingresó como Diputado a la Asamblea Nacional de Panamá el 1 de octubre de 1960, en la que resultó el legislador que ejerció dichas funciones por más tiempo en la historia de ese cuerpo. Fue también Ministro de Trabajo y como consecuencia de su actividad intachable y su espíritu democrático y liberal, fue nominado como “Ciudadano Notable” por la Comisión Nacional Pro Valores Cívicos y Morales de Panamá, en diciembre de 2008. Sus tareas políticas fueron un ejemplo para el resto de América Latina, por su defensa de los principios liberales y sociales y por su gestión incorruptible.

Asimismo, en el ámbito aeronáutico brilló como el especialista más importante de su país, lo que tuvo expresión tangible no solo en sus numerosas intervenciones académicas en reuniones internacionales de nuestra especialidad, sino también en el ejercicio de su actividad de abogado, como socio de la firma “Rosas y Rosas”, que representa a distintas entidades del sector. A ello debe sumarse su excelente gestión al frente de la compañía aérea Air Panamá durante más de una década, donde sus innatas condiciones de inteligencia y honestidad fueron ampliamente reconocidas por todos los sectores de la actividad aerocomercial.

Jorge Rubén era el arquetipo del caballero hidalgo, que enseñoreaba todo lo que hacía porque en el principio de todos sus actos estaba el hacer el bien y hacer las cosas bien, jamás intentando una actitud vana o perjudicial o teniendo un pensamiento mezquino. Compartimos muchísimos momentos muy gratos en reuniones internacionales, y su Presidencia de nuestras XXas. Jornadas Latino Americanas, que tuvieron su sede en Panamá en 1996, otorgaron a las mismas una especial distinción y jerarquía personal. Allí también supo ser el gran anfitrión para con sus amigos, en un rasgo de su personalidad que le agradaba especialmente.

La vida académica de Jorge Rubén no se caracterizó por sesudas obras doctrinarias, aunque tenía muy claras sus ideas sobre todo el Derecho aeronáutico, y en los numerosos trabajos que presentó en muchas de nuestras reuniones internacionales, su clara y sólida formación jurídica se advertía de inmediato, unida a criterios de incuestionable valor, cuyo sostenimiento  demostraban su vasta y dilatada experiencia profesional.

Fue un Señor de la abogacía, profesión que ejerció durante toda su vida con el gran nivel de quienes saben que están contribuyendo a lograr algo esencialmente justo. Su oficina jurídica en la ciudad de Panamá, fundada por su hermano Olmedo y continuada por sus hijos, es una de las más prestigiosas en ese país. A ello debe destacarse la formación de una familia ejemplar junto con su esposa Mitzila. Esto es, sin duda, un valor de especial importancia en la sociedad actual, que debe enfrentar cambios importantes, algunos de los cuales pretenden desechar los grandes valores de la cultura occidental.

Para quienes lo conocimos y fuimos sus amigos, su ausencia futura en nuestras reuniones será un peso difícil de sobrellevar, aunque su espíritu sereno y culto seguirá acompañándonos. Siempre lo recordaremos y estará a nuestro lado espiritualmente, porque ya tiene un merecido lugar en la “Galería de próceres del Derecho Aeronáutico”, donde se encuentran quienes nos trazaron el sendero fecundo que hoy intentamos transitar.

Que descanse en paz, como lo merece.

Dr. MARIO O. FOLCHI

Presidente de ALADA

 

C A R T A   D E L    P R E S I D E N T E

Buenos Aires, 30 de mayo de 2018.

A todos nuestros distinguidos Miembros:

La partida de este mundo de un gran jurista es de lamentar siempre, porque el ámbito del Derecho pierde la eventualidad de nuevas aportaciones y lecciones de su sabiduría. En el caso de MICHAEL MILDE, checo por nacimiento y canadiense por adopción, cuyo gran viaje final comenzó el 6 de mayo de 2018 en la ciudad de London, Ontario, Canadá, donde residía y cuando ya había alcanzado los 87 años de edad, ese elemento trascendente se confunde con otros no menores, con los cuales se entremezcla para perfilar su especial personalidad.

Para quien firma esta Carta, la tristeza de conocer la noticia supuso no solo la inmediata decisión de redactarla, sino también la amarga certeza de que nunca más volvería a intercambiar con el Prof. MILDE tantas ideas no solo jurídicas, sino de la vida y del mundo internacional, como las que pudimos compartir en numerosas oportunidades, en Canadá y en la Argentina. Por ello, el solo hecho de redactarla supone una gran pesadumbre, porque se trata de un amigo que nos deja, y de un colega de enorme prestigio internacional cuya ubicación intelectual es de primera magnitud.

Conocí al Prof. MILDE en la década de los años 90, cuando nuestra Asociación comenzó una prolífica relación institucional con la OACI, y de inmediato comprendí que poseía una gran formación jurídica, unida a una manera de comprender las actividades académicas y profesionales situándolas en un marco de incuestionable probidad intelectual. Defendía sus criterios con firmeza y gran convicción, siempre sustentados en una serena solidez jurídica y política.

Cuando nos conocimos era ya el Director del Instituto de Derecho Aéreo y Espacial de la Universidad McGill, en Montreal, cargo que ejerció entre 1989 y 1998, y supimos enhebrar una afectuosa amistad a lo largo de innumerables reuniones y conversaciones personales. En este orden de cosas, nos pusimos de acuerdo para coorganizar dos reuniones internacionales de especial interés e importancia en esa época. La primera tuvo por objeto recordar y homenajear los 50 años del Convenio de Chicago y de la OACI, organismo en el que cumplió tareas profesionales en su Oficina Jurídica durante un cuarto de siglo, habiendo sido su Director por ocho años, entre 1983 y 1991. La reunión se llamó “Chicago Revisited” y tuvo lugar en la Universidad McGill los días 3, 4 y 5 de diciembre de 1994. En ella nos dimos cita el conjunto más importante de especialistas de nuestra materia de todo el mundo de ese tiempo, en el cual MICHAEL MILDE lució con brillantez sus especiales condiciones de organizador, como Presidente de la misma y como excelente anfitrión. Y uno de los aspectos que será para mí memorable de esos días fue el conocer a Welch Pogue y a su esposa, a quienes me introdujo el profesor MILDE. El Dr. Pogue, que entonces contaba con 101 años, era el único sobreviviente de quienes firmaron el Convenio de Chicago, en tanto su esposa me relató su recuerdo de niña del conocimiento de los hermanos Wright, quienes frecuentaban su casa paterna….

La segunda reunión fue la Conferencia Internacional titulada “Desafíos en el Derecho Aéreo y Espacial”, que se realizó también en la Universidad McGill los días 25 a 27 de octubre de 1996 con el auspicio de ALADA, con la finalidad de celebrar el 45o. aniversario del Instituto de Derecho Aéreo y Espacial de esa Casa de Altos Estudios y los 175 años de esta última. En ambas reuniones, además, se contó con el auspicio y la presencia del entonces Presidente del Consejo de la OACI, Dr. Assad KOTAITE, quien también fuera Miembro de Honor de ALADA.

Al año siguiente, el profesor MILDE viajó invitado por nuestra entidad a Buenos Aires, donde dictó conferencias en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, en la Academia Nacional de Derecho de la Argentina y en otras entidades vinculadas con nuestra especialidad. En todas sus presentaciones, el profesor MILDE demostró sus excepcionales calidades de jurista internacional y de maestro del derecho, dejando a la comunidad aeroespacial argentina con la sensación de haber conocido a una personalidad académica fuera de lo común.

Como es habitual en las mujeres y hombres excepcionales, el profesor MILDE demostró no solo su probidad intelectual, sino un especial don comunicativo para las relaciones personales, y como dije al comienzo, no me fue difícil establecer un nivel de amistad, que me permitió saber de su espíritu republicano y de su creencia del beneficio de la paz en el mundo internacional en base al cumplimiento de la ley.

Nos ha dejado un grande del Derecho y en especial, del Derecho aeronáutico y espacial. Solo queda hacer votos para que sus importantes enseñanzas guíen a las nuevas generaciones y sean ejemplo a seguir por las mismas. Que descanse en paz.

Dr. MARIO O. FOLCHI

Presidente de ALADA

 

 

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